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sábado, 22 de marzo de 2014

LA HOMELLE Y LA "FICCIÓN MACHO" / se-goza-de / valor de uso y valor de cambio / acto sexual / A. Franco

En definitiva: para acceder al acto sexual ella no puede quedar en reserva ni "en el depósito", a la manera del puro valor de cambio sino que debe, más bien, entrar en un mercado regulado por la castración como única garantía para la posibilidad del acto. Es, por fin, en esa posición dual -de árbitro del don y afectada por la castración- que la mujer entra en el acto sexual y deviene aquello de lo que se goza en la posición llamada -por Lacan- de la homelle.

Si nos dirigimos, ahora, sobre la cuestión del macho nos encontramos con que el sujeto, bajo la forma de su soporte: el a, se mide en relación con la unidad sexo y con que si existe algo del orden de un valor de goce es en la medida en que, entre a y el Uno del sexo media algo valuado (- phi).

También hemos supuesto que este orden de cosas constituye el complejo de castración que -complicado, además, por el hecho de que la prohibición del autoerotismo sobre un órgano preciso pone al sujeto en al vía del intercambio- determina qué, para el sujeto, el "se goza" subjetivo se convierta en un "se goza de" objetivo. La prohibición promueve, pues, a la mujer como objeto de goce lo que ocurre, como ya hemos dicho, en estrecha dependencia de lo que ella esté dispuesta a arbitrar como don.

Claro que, como necesario correlato, debemos hablar de la "ficción macho". En efecto, por tal ficción, el "hombrecito" cree que hay uno que tiene el falo y que ese uno, porque lo tiene, lo es al tiempo que, por serlo, tiene lo que es. La "ficción macho" se basa, pues, en la creencia de que si se tiene el falo se es el falo y, por ello, se tiene a la mujer. Pero no es así sino más bien al contrario: se tiene lo que se no se es por lo que, a la tenencia fálica, se opone el valor homelle de la mujer; sólo ella por no tenerlo puede -no sin llevar sobre si la marca de la castración- tomar el valor de falo.


Alberto Franco. Acerca de la lógica del fantasma, de Lacan. 2a. Ed. Letra Viva. 2011. Buenos Aires. Págs. 108-109.

jueves, 31 de octubre de 2013

La historiola del Edipo y el complejo de castración - La misería neurótica y la infelicidad común

"... tal y como Lacan presenta la cuestión relacional vigente entre Edipo y castración, resultan invertidos los términos freudianos. Para Freud, salimos del Edipo por la castración -ejemplarmente, en el caso del varón-, por la amenaza de castración. Para Lacan, el Edipo es una construcción mítica por cuyo intermedio logramos defendernos de la castración, evitándola. Respecto de tales historias edípicas, una importante tarea del analista radica en procurar deshacerlas, para lo cual debe no otorgar más sentidos, más Sinn, al modo de Frege. No es cuestión de engordar el mito adicionando aún nuevos sentidos, por cuanto cabe buscar la desarticulación de todas esas historias llenas de congruencia y atornilladoras de creencias con fuerte raigambre. De ese modo, mediante el desmonte de tales historiolas, puede llegar a instalarse, en la posición subjetiva, lo llamado en los Seminarios mencionados -especialmente en Las Formaciones de lo inconsciente- ´el dolor de existir´. En muchas ocasiones, debido a las fábulas, a los mitos edípicos, logramos aliviar, de modo transitorio, el dolor de existir. Sin embargo, éste es irremediable, lo tenemos que vivir. Pero no resulta ingenuamente deficitario o deprimente, no comporta una suerte de resignación estoicamente enaltecedora, porque ese dolor estimula a realizar lo realizable mediante la asunción de los límites castrantes, sin llegar a distrazar como imposible lo perteneciente al orden de la impotencia, y sin disfrazar como impotencia lo efectivamente imposible. Por eso, en ese orden, la felicidad no es sino otra gran construcción. No se procura obtener la felicidad en el análisis, sino, como dice muy bien Freud, lo lograble a través de éste es "pasar de la misería neurótica a la infelicidad común". Esa no es un frase cualquiera, "de la miseria neurótica a la infelicidad común". Sin duda, porque el neurótico estima ser no-común, en el sentido de constituir alguien especial, tal como lo pone de manifiesto su tradicional queja: "¿Por qué tuvo que pasarme esto a mí?" Esa queja remite directamente a la cuestión edípica, ante la cual el sujeto se victimiza. La infelicidad común requiere decir lo siguiente: lo sucedido con mi vida no es tan malo, no es tanto peor que lo vivido por muchos otros. Muchos tienen una vida peor, muchos tienen una vida mejor, eso es indiscutible, pero la reclamación narcísico-neurótica sostenida en la creencia de que ocurrió con él el más desgraciado de los destinos posibles, lo cual debería haber sido muy distinto, configura una circunstacia a ser disuelta en el análisis. Por eso la postulación de la diferencia entre el Edipo, como mito, y la castración, como complejo nodular, nodal. La castración no tiene ni construye historias: las historias son propias de las defensas contra la castración."

Roberto Harari. "La significación del falo" de Lacan. Editorial Lumen. Buenos Aires. 2007.
-las negritas y el subrayado son nuestros-.