Busca otros posts del sitio

Mostrando entradas con la etiqueta demanda. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta demanda. Mostrar todas las entradas

jueves, 9 de enero de 2014

La interpretación en Psicoanálisis / Interpretación - Heidegger

Johann Heinrich Fusilli. The Nightmare. (La pesadilla o El íncubo) de 1781.

Vamos a tomar una referencia de Heidegger para la hablar de la Interpretación en Psicoanálisis.
Si algo se sabe del Psicoanálisis es que este interpreta. El tema en cuestión es cardinal, es un punto norte del análisis, justamente el texto más clásico de Freud es "La Interpretación de los sueños". Esto nos lleva a otra cuestión: todo psicólogo, todo analista se ve en la situación de encontrarse plagado de sueños. Qué quiero decir, que una de las cosas que la gente hace es contarle los sueños a un psicólogo, a un analista, y no estoy diciendo en sesíón sino en la vida cotidiana. Aquí tenemos ya el armazón de una posible situación transferencial, a que me refiero, que el que cuenta los sueños (el emisor) ya esta sentando al que oye en un lugar: este sabe. Lacan nombre a la transferencia como Sujeto Supuesto Saber. Este Sujeto Supuesto Saber, la transferencia en su vertiente simbólica, implica que a todo Saber se le supone un sujeto, en dicha operación se le devuelve el saber a aquel que lo posee: al sujeto.
El típico ejemplo de "el otro día soñe que..." es sencillamente una demanda, que como toda demanda pide por una respuesta y es otro signo más del amor, le pido algo para que me lo dé, si me lo da entonces me quiere. Estamos yendo para el lado de que un sueño contado es una demanda de amor al oyente, y además una suposición de saber. Quién demanda (por más que no sepa ni jota de psicoanálisis ni de psicología que tienen todas sus diferencias y a las que nos dedicaremos en próximos posteos) sabe que los sueños sirven para algo. El gesto de amor es el siguiente: te obsequio este sueño que soñe, porque sé que a vos para algo te sirve (o te interesa, al menos).
Volvemos al tema de la Interpretación, y de su exactitud, o justeza, que tiene sus vueltas de tuerca. La principal es que la justeza de una interpretación, se corrobora a posteriori, parece una absurdidad pero es así, solo el material que permitirá desplegar nos garantiza que esa interpretación fue acertada. Freud lo decía, la justeza de una interpretación no nos la da el asentimiento del Yo, esto implica que lo certero de una interpretación no pasa por la respuesta del analizante asintiéndo o desmintiéndo energicamente la interpretación arrojada, ni es un "sí es eso", ni un "no, para nada, nada que ver". Lo que seguirá el curso de las asociaciones permitirá decidir, al analista, si la interpretación tuvo efectos o no. Para adornar por último y entrando en Heidegger y casí despidiendonos, hacemos dos salvedades más, Lacan nos ha mostrado que muchas veces una pregunta es más valiosa que una interpretación y que no debemos comprender (más de lo que esta en el discurso del analizante). También que la interpretación esta en el justo límite de su desaparición, sin olvidarnos que no debe apuntar al sentido (para engordarlo) y por úlitmo, que la Interpretación es el deseo.

Los dejo con Heidegger.

"Una interpretación que se puede demostrar no es interpretación alguna; pues "demostrar" significa remisión a lo ya aclarado y claro como lo explicativo. Pero la interpretación conduce a lo oculto y exige la instancia en lo oculto como lo inicial.
En todo caso no es, pues, viceversa toda indemostrabilidad ya de por sí la verificación de la esencialidad de una interpretación.
Cuya verificación consiste en que se hace superflua a través de lo mismo por interpretar.
Este esencial apartamiento de la interpretación fundamenta sólo que también la pregunta ulterior y procedente de fuera según su corrección ya no encuentra posible sustento.
Sobre la verdad de una interpretación decide cada vez sólo la misma palabra interpretada, en tanto es una palabra "del" ser.
(Interpretación nunca mienta aquí "Interpretación historiográfica".)
La verdad de una interpretación se decide desde la verdad, en la que se ha introducido.
La verdad de una interpretación no apunta y nunca primero y jamás sólo a la corrección de la Interpretación historiográfica."

Martin Heidegger. Sobre el Comienzo. Editorial Biblos. 1a. Ed. (2007). Págs. 134-135.

Frescos en la Villa Valmarana, Vicenza. Escena: Mercurio se aparece a Eneas en un sueño y le insta a abandonar Cartago. Giovanni Battista. Tiepolo, 1757.

sábado, 9 de febrero de 2013

SOBRE EL DESEO DEL ANALISTA

Tal como Lacan lo mostró (Seminario XI), es precisamente a través del amor de transferencia como es remitida la demanda a la identificación: identificación significante con el Ideal del Yo, desde dónde el sujeto se verá a sí mismo amable como yo ideal. Que esta identificación sirva para definir el término de un análisis, es una cosa que Lacan criticó igualmente: una superación de ese plano de la identificación sería posible, y gracias justamente al deseo del analista.

...

Para el analizante, el deseo del analista, que viene al sitio del deseo del Otro, no deja de ser un enigma, una x, en la medida en que el analista no responde a la demanda. Si el analista no responde a la demanda, no es en nombre de no se sabe qué virtud de la frustración, ni por un gusto intenso por las adivinanzas, sino efectivamente por una cuestión de estructura del deseo, a saber, porque el lenguaje viene a agujerear el ser de carne, y porque su demanda de articularse en significantes deja correr bajo ella un resto metonímico.

ERIC PORGE, "Sobre el deseo del Analista" en Ornicar? El saber en el Psicoanálisis, Publicación periódica del Champ Freudien, Ediciones Petrel.

domingo, 18 de marzo de 2012

La Dirección de la Cura y los Principios de su Poder

CÓMO ACTUAR CON EL PROPIO SER

7. El analista es el hombre a quien se habla y a quien se habla libremente. Está ahí para eso. ¿Qué quiere decir esto?
Todo lo que pueda decirse sobre la asociación de ideas no es más que ropaje psicologista. Los juegos de palabras inducidos están lejos; por lo demás, por su protocolo, nada es menos libre.
El sujeto invitado a hablar en el análisis no muestra en lo que dice, a decir verdad, una gran libertad. No es que esté encadenado por el rigor de sus asociaciones: sin duda le oprimen, pero es más bien que desembocan en una palabra libre, en una palabra plena que le sería penosa.
Nada más temible que decir algo que podría ser verdad. Porque prodría llegar a serlo del todo, si lo fuese, y Dios sabe lo que sucede cuando algo, por ser verdad, no puede ya volver a entrar en la duda.
¿Es éste el procedimiento del análisis: un progreso de la verdad? Me parece oír ya a los pillos murmurar de mis análisis intelectualistas: cuando soy el primero, que yo sepa, en preservar en ellos lo indecible.
Que es más allá del discurso donde se acomoda nuestra acción de escuchar, lo sé mejor que nadie, si bien tomo en ello el camino de oír, y no de auscultar. Sí por cierto, no de auscultar la resistencia, la tensión, el opistótonos, la palidez, la descarga adrenalínica (sic) en la que volvería a formarse un Yo más fuerte (resic): lo que escucho es de entendimiento.
El entendimiento no me obliga a comprender. Lo que entiendo no por ello deja de ser un discurso, aunque fuese tan poco discursivo como una interjección. Pues una interjección es del orden del lenguaje, y no del grito expresivo. Es una parte del discurso que no está por debajo de ninguna otra en cuanto a los efectos de sintaxis en tal o cual lengua determinada.
A lo que oigo sin duda, no tengo nada que replicar, si no comprendo nada de ello, o si comprendiendo algo, estoy seguro de equivocarme. Esto no me impediría responder. Es lo que se hace fuera del análisis en semejante caso. Me callo. Todo el mundo esta de acuerdo en que frustro al hablante, y aunque a él en muy primer lugar, también a mí mismo. ¿Por qué?
Si lo frustro, es que me pide algo. Que le responda, justamente. Pero él sabe bien que no serían más que palabras. Como las que puede obtener de quien quiera. Ni siquiera es seguro que me agradecería que fuesen buenas palabras, meno aún malas. Esas palabras, no me las pide. Me pide..., por el hecho de que habla: su demanda es intransitiva, no supone ningún objeto.
Por supuesto su petición se despliega en el campo de una demanda implícita, aquella por la cual está ahí: la de curarlo, revelarlo a sí mismo, hacerle conocer el psicoanálisis, hacerlo calificar como analista. Pero esa demanda, él lo sabe, puede esperar. Su demanda presente no tiene nada que ver con eso, incluso no es la suya, porque despues de todo soy yo quien le ha ofrecido hablar. (El sujeto sólo es aquí transitivo)
He logrado en suma lo que en el campo del comercio ordinario quisieran poder realizar tan fácilmente: con oferta, he creado demanda.


Jacques Lacan. Primer informe del Coloquio Internacional de Royaumont, julio de 1958, aparecido La Psychanalyse, vol. 6. Reunido en Escritos 2, 1966. Págs. 596-597.