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viernes, 17 de febrero de 2012

Las Flores de Cerezo


Las Flores de Cerezo – Cherry Blossoms - Kirschblüten – Hanami

Alemania 2008 de Doris Dörrie.

¿Qué hacer con el tiempo que tenemos? Rudi responde, inconmobilble como la fortaleza neurótica: continuar como hasta ahora, como siempre, trabajar, una manzana al día… y nuevamente... trabajar, una manzana al día... Así es como le responde a su esposa (Trudi). Ambos han pasado largo hace, el noviazgo y la juventud, luego la crianza de los niños, ahora abuelos olvidados, casi a punto de jubilarse. 
Ella intentará arrojarlo hacia una última aventura, algo más de satisfacción, divertirse un poco, que solo logra con su propio arrojo y fallece.
Así se comienza a transitar el deseo, en la separación con ese objeto y el duelo que le merece. Ahora la casa familiar ya no es más acogedora sino silente y enorme. La angustia esta presente. ¿Qué hacer (con el tiempo...)? Marcha el hombre hacia el Japón a buscar los cerezos en flor, el Butoh y al Sr. Fuji (Monte Fuji). Transitar el deseo que como deseo del Otro, no es el deseo de Rudy por su esposa sino el deseo que estuvo en ella presente y que lo impulsa a él hacia el acto, a actuar.
Deambulando por la ciudad Rudi conoce a una joven bailarina en un jardín. Comienzan las preguntas ¿Qué es el Butoh? ¿quiénes lo bailan?... Pregunta, y lo que recibe de la joven bailarina (Yu) es la danza con las sombras y con los muertos.
La presentación formal entre ambos personajes es un juego entre lenguas: el Inglés haciendo de puente entre el Alemán y el Japonés, que a nosotros nos llega subtitulado en castellano, así que la joven Yu, se escucha por homofonia (You) y nos llega a nosotros traducida como Tú. Cuando Rudi le pregunta su nombre a la bailarina, escucha esto: Tú, de forma que se presenta allí una suerte de reflexión, de espejo, que orienta, nuevamente, el deseo de Rudi, que lo bascula.
Una vez más, el deseo, como canonicamente apuntara Lacan, "es el deseo del Otro".

lunes, 6 de febrero de 2012

¿Qué empezar a decir? ¿Por dónde arrancar?

Este inicio me confronta con empezar a decir algo. ¿Temor a la libertad? Ilusoria, de poder decir... lo que sea, ilusoria, narcísica de creer decir lo que quiero decir. Pero me importa decir algo y no precisamente cualquier cosa sino "cualquier cosa que sirva", justamente al psicoanálisis, como hizo uno de los maestros que tomaba prestadas cosas "porque le servían" para un fin preciso que era reavivar el psicoanálisis. Entonces algo ya se ha dicho, vamos a hablar de psicoanálisis, más también de otras cosas, en relación a que sirven para explicar, para inteligir el psicoanálisis. Confianza, mientras escribo, el blanco de la página vacía comienza a desaparecer con estas letras, con estas palabras. El yo vuelve a su lugar, ilusorio, seguro, consistente. Qué poder tiene el blanco de la página, como en las sesiones, decir algo, cualquier cosa, y creer que hay que decir "algo importante". Con justeza la promesa del psicoanálisis, en lo que hace a la regla fundamental, a la única regla que tiene el psicoanálisis es: hable, diga algo, cualquier cosa, y promete revelar "el núcleo de su ser", que no es poca cosa. Entonces todo decir y todo dicho, tiene su validez, porque les anida una verdad, porque des-velan algo. Impresionante, frente al avace de la imagen en los tiempos que corren, el psicoanálisis le responde con lo simbólico, con las palabras, y si responde es porque el sujeto esta allí, con la necesidad de decir algo, cualquier cosa.