"con esta nueva agenda de la vida social, algo de lo simbólico queda maltratado. (...) [lo simbólico es] el orden mismo del lenguaje en tanto que tiene un funcionamiento propio y gobierna al sujeto (...) que incluye, precisamente, todo lo que hace regla y regulación, desde la prohibición del incesto hasta las formas más cotidianas de limitación del goce.
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[y] la distribución del tiempo puede constituir un aspecto no despreciable de lo simbólico. (...) En un sistema de organización de la producción que distingue claramente los momentos de trabajo de los de no-trabajo, el trabajador sabe a qué está renunciando, pero también de qué puede disponer. Esto proporciona un marco, una referencia en relación con lo cual cobran sentido tanto su implicación en su trabajo como su búsqueda de una satisfacción externa a éste.
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Cuando esta alternancia está perturbada, ya no se sabe a qué atenerse. Cuando está ocupado o, sobre todo, si es ejecutivo en una empresa muy activa y sensible a las exigencias del mercado, puede no conservar ya la menor autonomía en relación con lo que se le va a pedir sin pausa.(...) Va a constituir un simple apéndice de la empresa, incapáz de hacer valer sus deseos propios, incapáz de "separarse" de ella.
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la distribución simbólica del tiempo de trabajo y del tiempo de no-trabajo en el fondo está muy próxima de las prohibiciones que se le formulan al niño: el pequeño, en lo inmediato, no tiene acceso a esa mujer particular que es la madre. Pero dicha prohibición entraña una promesa, la de poder afirmar más tarde un deseo masculino con otra mujer.
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le estoy proponiendo leer el Edipo desde una perspectiva un poco novedosa.
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el Edipo introduce al niño en un orden temporal y es allí donde reside, particularmente, su valor simbólico.
B Vandermersch, por su lado, se queda con la única interpretación que Freud le hizo a Juanito (...) tiene la siguiente forma:
Mucho antes de que viniera al mundo, yo ya había sabido que algún día nacería un Juanito, que querría tanto a su madre que se vería forzado a tener miedo a su padre y yo se lo había anunciado a su padre. Lo importante aquí (...) [es] la introducción del déja-lá (ya allí) ligado a un "no todavía" (...) esta puesta en juego de una temporalidad particular, donde las cosas, no siendo todavía, no obstante ya están allí (déja-lá) desde hace mucho tiempo
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Parece que a través de la interpretación edípica, en rigor Freud procede a la implementación de un orden temporal en el que no todo es situable al mismo tiempo, en el que está ciertamente lo "por venir" pero en el que tamibén éste depende de un déja-lá.
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Si la estructura temporal tiene semejante importancia es probablemente porque participa en esta dimensión del Otro en relación con el cual un sujeto puede ubicarse. Es por ello que es parte integrante de lo Simbólico como tal.
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Lacan en relación con la cuestión del Edipo lo que conserva de éste es esencialmente la castración, la ley que se transmite de una generación a otra."
Roland Chemama. Depresión, la gran neurosis contemporánea. Nueva Visión. 2007.
Las cursivas, subrayados, cortes, corchetes, remarcados son nuestros.
Blog dedicada al Psicoanálisis y a sus entrecruzamientos con las artes
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miércoles, 17 de septiembre de 2014
lunes, 6 de febrero de 2012
¿Qué empezar a decir? ¿Por dónde arrancar?
Este inicio me confronta con empezar a decir algo. ¿Temor a la libertad? Ilusoria, de poder decir... lo que sea, ilusoria, narcísica de creer decir lo que quiero decir. Pero me importa decir algo y no precisamente cualquier cosa sino "cualquier cosa que sirva", justamente al psicoanálisis, como hizo uno de los maestros que tomaba prestadas cosas "porque le servían" para un fin preciso que era reavivar el psicoanálisis. Entonces algo ya se ha dicho, vamos a hablar de psicoanálisis, más también de otras cosas, en relación a que sirven para explicar, para inteligir el psicoanálisis. Confianza, mientras escribo, el blanco de la página vacía comienza a desaparecer con estas letras, con estas palabras. El yo vuelve a su lugar, ilusorio, seguro, consistente. Qué poder tiene el blanco de la página, como en las sesiones, decir algo, cualquier cosa, y creer que hay que decir "algo importante". Con justeza la promesa del psicoanálisis, en lo que hace a la regla fundamental, a la única regla que tiene el psicoanálisis es: hable, diga algo, cualquier cosa, y promete revelar "el núcleo de su ser", que no es poca cosa. Entonces todo decir y todo dicho, tiene su validez, porque les anida una verdad, porque des-velan algo. Impresionante, frente al avace de la imagen en los tiempos que corren, el psicoanálisis le responde con lo simbólico, con las palabras, y si responde es porque el sujeto esta allí, con la necesidad de decir algo, cualquier cosa.
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